Tuesday, September 12, 2006

ACTIVIDAD OFICIAL (r): La meeting lavadora

Me pide Calvin, o Hobbes, porque nunca me aclaro, que escriba unas líneas sobre una actividad típicamente filípica, como es el uso de lavadoras en las reuniones de trabajo.

Por lavadora debemos entender lo que siempre se ha entendido; otrosí digo, esa palabra, o expresión, que por necesidad has de colocar en algo que escribes o dices, venga o no a cuento. El caso más interesante de lavadora fue la coña que le jugamos en su día a Juan José Millás con una lavadora llamada Surbitón, que parece el nombre de una medicina pero, en realidad, es un barrio de Londres (o sea, como si una jovencita estreñida tratase de resolver la coyuntura introduciéndose un Tetuán por el ano). Por reuniones de trabajo debemos entender exactamente eso.

Las reuniones de trabajo suelen ser bastante aburridas. Eso, en sí, no es malo. También la misa es aburrida y no por ello pierde sus inmanentes misión y beneficio. El problema es que, no pocas veces, la reunión es inútil. Fue Winston Churchill quien dijo que cuando quería resolver un problema se lo encargaba a alguien y cuando no quería resolverlo formaba una comisión. La mayoría de los asuntos hoy en día, públicos y privados, se ventilan a través de comisiones, comités o grupos de trabajo. La expresión grupo de trabajo es, a veces, notablemente sarcástica.

El aburrimiento de no pocas reuniones plantea, inmediatamente, la cuestión de cómo solventarlo o intentar, aunque sea, hacer algo provechoso o deleitoso con el tiempo que se está allí. Desde que existen las PDA, esto ha avanzado mucho. No son pocos los ejecutivos, grandes medianos mediopensionistas, que, en empezada la reunión, tiran de PDA, sacan el boligrafito virtual y se aplican a arreglar su agenda, a enviar correos electrónicos, esas cosas. Es la ventaja del wi-fi: te permite no estar donde te dé la gana.

Antes y después de la PDA, el líder del homérico (de Homer Simpson) «me aburro» ha sido el dibujo. Un atento estudio de los rayajos que tienta el personal mientras piensa en cualquier cosa menos en las perspectivas corregidas de los próximos semestres (asunto del workshop), revela que el hombre y la mujer son ambos animales, y de costumbres también ambos. Quiero decir que casi todo el mundo dibuja siempre la misma cosa, sea esa cosa un caballo, una tía en pelotas, un polígono irregular o, como cierta persona que conozco, simplemente cientos y cientos de estrellitas de cinco puntas. Las gentes ésas que adivinan la psicología de los niños diciéndoles eso de dibuja a papá y a mamá podrían también encargarse de estos apuntes. Supongo que eso resolvería el problema del paro, porque a la mayoría nos prejubilarían por invalidez psíquica.

Cuando acabas trabajando con gente más o menos cachonda que tú, puedes, entre otras cosas, superar estos divertimentos básicos y llevar las cosas más allá. De ahí la lavadora. La meeting lavadora es, de hecho, una competición; hacen falta dos personas, por lo menos. Antes de la reunión se pacta la lavadora. Hay que escogerla cuidadosamente, porque no puede ser nada completamente absurdo (una palabra que no signifique nada) pero tampoco puede tener ninguna relación directa con el tema que se hable en la reunión.

Meeting lavadoras las hay de diversos niveles, como los sudokus. Si una persona es principiante en reuniones, directamente le recomiendo que no la practique: le calarán, seguro. En una reunión siempre hay alguien que tiene los huevos o labios mayores pelados de llevar horas sentado o sentada en sitios así, y se las sabe todas. Es mejor esperar, entrenar, observar a los maestros. Subir corriendo las escaleras, como Rocky Balboa, las veces que haga falta.

Cuando uno haya cogido soltura en las reuniones, puede empezar con una lavadora de índole sencilla. O sea, un latiguillo. Cosas como: «Nada más lejos de nuestra intención que (…)». O: «Pese a las evidencias en contra (…)». O la que yo utilicé para empezar: «En mi opinión, no es vinculante». Estas lavadoras Defcon Siete son bastante fáciles de colocar y, para ser pillado, hay que ser muy capullo y cometer el error básico del mal colocador de lavadoras: repetirlas demasiado a menudo.

La partida se pierde si alguien de la reunión que no esté en el ajo comenta algo sobre la lavadora. Algo así como: «¿Por qué dices siempre «no es vinculante»?» En ese momento, has perdido. También puedes perder, obviamente, porque tu contrincante repita la lavadora (que será la misma que la tuya, por cierto) más veces que tú. Pero, de momento, si te inicias en el oficio, mejor no te centres en ganar a los puntos. Conténtate con que no te tumben por KO. En esta vida, si no puedes ser Michael Schumacher, que lo gana todo, todavía puedes ser Tiago Monteiro que, por lo menos, siempre termina las carreras.

Una vez que se haya obtenido estabilidad y, por qué no, algún éxito, se puede empezar a pensar en lavadoras más complejas. Por ejemplo, una lavadora Defcon Cuatro, que ya está muy bien (es un nivel que mucha gente no alcanza, quizá porque en este oficio de la meeting lavadora, como ocurre con la gimnasia deportiva o el golf, hay que empezar joven), sería una lavadora consistente en un término mal dicho. Por ejemplo: base imposible en lugar de base imponible. Es una lavadora jodida porque elimina la protección básica por educación. Muchas veces se consigue que el público (el resto de la reunión) no haga ningún comentario sobre tu lavadora por pura educación. Por supuesto que se dan cuenta de que no haces más que repetir eso de «no es vinculante», pero son lo suficientemente educados como para no decírtelo. Aquí, sin embargo, se sentirán tentados de corregirte, de buena fe. Si te corrigen, la has cagado. Hay que ser muy hábil y saber medir los tiempos en una competición Defcon Cuatro. Los más sabios suelen utilizar la táctica de salpimentar la expresión mal dicha y la bien dicha (o sea, la lavadora y la antilavadora). Pero debemos recordar que si la lavadora es base imposible, que llama a base imponible que es un término tributario, entonces es conditio sine qua non que la reunión NO verse de temas tributarios. Así pues, para colocar tanto la lavadora como la antilavadora es necesario, antes, llevar la conversación lejos de su tema central y hablar de impuestos.

Una versión edulcorada de esta Defcon Cuatro es cuando la lavadora está en inglés. Es edulcorada porque la gente es educada y, aunque utilices un término mal en un idioma que no es el tuyo, si te entienden no te corregirán. Aunque el asunto puede complicarse mucho, porque hay gente que juega lavadoras Defcon Cuatro utilizando phrasal verbs; y decir, por ejemplo, get down on it siempre que se debiera decir get by on it, no es fácil.

El Cadillac de las meeting lavadoras es, lógicamente, la lavadora Defcon Uno. Sólo los maestros de sexto dan para arriba se atreven con ella. Los hombres y mujeres que la practican están en otra galaxia. Suelen ser personas más allá de la cincuentena y que llevan décadas en esto. La mayoría de los grandes maestros internacionales han pasado por la función pública y han estado en plúmbeas comisiones mixtas interministeriales, que son, dicen, la mejor escuela para esta práctica. Son personas, además, de cuya seriedad nadie duda y que, lógicamente, alimentan además esa imagen para protegerse.

El problema de la lavadora Defcon Uno es que no tiene nada, pero nada que ver con el tema de la reunión. ¿Por qué? Pues porque se trata de la referencia a una persona, una persona además no demasiado conocida y cuyo ámbito está totalmente alejado de lo que se habla. Por ejemplo: en una reunión sobre perspectivas de la relación de cambio entre el yen y el euro una buena lavadora Defcon Uno podría ser Juan II de Aragón, padre de Fernando el Católico. ¿A que mola? Aunque ahora mismo le parezca que no a quien me esté leyendo, es un hecho que EXISTEN varios caminos para llegar desde el rey aragonés hasta la futura relación de cambio entre monedas. Siempre hay alguno, sólo hay que encontrarlo. Bueno, hay que encontrar varios porque, como las competiciones Defcon Uno se realizan siempre entre titanes de reconocido prestigio, se debe pensar que, con seguridad, el otro también habrá encontrado una vía, así pues necesitaremos, como mínimo, dos para ganar.

El summum de la lavadora Defcon Uno es aquélla en la que el personaje es designado minutos antes de la reunión. En estos casos, no puede existir documentación previa y todo ha de fiarse a la cultura (o a la inventiva pues, al fin y al cabo, la historia de conexión no tiene por qué ser cierta: de hecho, es fácil que alguna de estas lavadoras esté en el origen de alguna estúpida leyenda urbana).

El récord mundial de esta especialidad, cuando menos documentado, se produjo hace algún tiempo (debemos ser nebulosos en la descripción; los practicantes de este deporte se juegan en ello el sueldo) durante una reunión sobre especificaciones técnicas de una central hidroeléctrica donde, según mis noticias, un ingeniero Defcon Uno consiguió citar siete veces distintas, por siete motivos distintos, a Antonio de Cabezón, organista y compositor del barroco español. También son muy admiradas las tres citas, tres, de Juan Bodino que consiguió colocar en una rueda de prensa el consejero delegado de una multinacional de la alimentación; en tres preguntas distintas. Eso, señores, es ser el puto Michael Jordan de las lavadoras.

Lejos de caer en desuso, esta práctica parece extenderse, a pesar de que su carácter clandestino dificulta los estudios sistemáticos. De hecho, siempre ha existido la sospecha de que en el Parlamento español existirían jugadores de lavadora, que las estarían introduciendo sobre todo en debates menores. Aunque también hay quien piensa que esas cosas que dicen que no parecen tener nada que ver con lo hablado se deben a la ignorancia.

Wednesday, September 06, 2006

Investigación Médica

En la literatura médica, he encontrado esto sobre mi afección

El Síndrome de Felipe

Por Indívil Tarkovsky. Psicoanalista y profesor emérito de Psiquiatría Clínica del hospital universitario Bart Olomew Memorial de Green Slopes, Idaho.


El denominado Síndrome de Felipe (SDF) es comúnmente descrito como una crisis autopercibida bloqueante provocada por un distanciamiento culpable de la monotonía creadora. La literatura existente coincide básicamente en localizar para el SDF cuatro estados de intensidad, para los que la doctrina ha adoptado la metodología de aproximación que describió Jonas Salandramiayan en su artículo Philip Syndrom and its insanity ladder (New Mexico Journal of Psichology, abril de 1991); a saber:

1) Estado durmiente o SVA (siglas de Sotto Voce Asymptomathology).
2) Estadio de vivencia periódica eficiente o KALS (Keeping`-the-Arms-Length Strategy).
3) Estadio de justificación fallida de la renuncia o POS (Phasing-Out Step).
4) Estadio de abandono de la realidad o PEC (Plein Explanation Construction)

Descripción
En síntesis, como se ha dicho, el SDF es una crisis autopercibida bloqueante. Este concepto es hoy aceptado por la mayoría de los autores, si bien hasta hace poco tiempo el concepto de crisis fue negado por varias escuelas. Diversos autores, procedentes sobre todo de universidades del arco mediterráneo europeo, negaban dicha condición al SDF y, como argumento, describieron no pocos casos de sujetos estudiados que parecían convivir con el Síndrome sin mostrar los síntomas habituales de la situación de crisis (convicción de la necesidad de un cambio o de una rectificación, planteamiento culpable de la situación, expectativas tremendistas, etc.)

En un estudio realizado en 1984 para la Universidad de Huelva por Amando Lavirgen de la Esclusa, que supuso un seguimiento de tres años a dos mil trabajadores temporeros beneficiarios del Plan de Empleo Rural español (véase Philip Syndrom: a survey around global integration evidence; en New Psichiatry Resources, Londres, Pergamon Scientific, 1988), se probó la producción paulatina de esa «integración global» de la que el autor habla en el título de su ensayo. Los sujetos, en efecto, integraron los periodos de distanciamiento respecto de sus obligaciones, en un entorno de plena justificación y de ausencia total de percepción sobre la necesidad de cambios (percepción crítica).

Los resultados de esa investigación, sin embargo, fueron puestos luego en duda por diversos expertos y, muy especialmente, por el vienés Konrad Karloff, quien, en un análisis de los metadatos de la encuesta, encontró signos de la existencia de elementos bloqueantes (sobre todo, ausencia de productividad); siendo lo cierto que la doctrina no admite la producción de síntomas bloqueantes sin la calificación previa de crisis para la situación que provoca dicho bloqueo.

El segundo componente del síndrome es el distanciamiento culpable de la monotonía creadora. El SDF se presenta siempre en personas que tienen obligaciones y cuyo bienestar depende además, en mayor o menor medida, del cumplimiento de dichas obligaciones. En el entorno de la situación crítica, enervada, las más de las veces, por la percepción de la necesidad de un cambio, el sujeto se distancia de esa monotonía, sin renunciar, no obstante, a los beneficios que su realización le está comportando.

Es evidente que, en este punto, el Síndrome genera lo que Arthur Blackey llamó «incompatibilidad de base», y que también suele denominarse por la expresión inglesa unbiased feelings. La mente estratégica del sujeto debe procesar dos instrucciones distintas y hasta cierto punto contradictorias: la necesidad del cambio (en la monotonía) y los beneficios de no procurar dicho cambio y continuar con la senda previamente marcada. A veces, este sentimiento se denomina Paradoja del Peregrino, por cuanto ha sido expresada muchas veces como el conflicto moral que se le plantease a un peregrino que, tras miles de kilómetros de andadura, llegase a la ciudad de su peregrinaje y, a su entrada, encontrase el único burdel de todo el recorrido.

El problema del SDF, como es lógico en todos los modelos de crisis autopercibida bloqueante, es que su incompatibilidad de base es acumulativa. Cuantos más momentos de crisis viva el sujeto, más incompatibilidad percibirá entre los dos objetivos que se le plantean. Se han descrito casos, de hecho, en los que la aliteración de situaciones de SDF en el mismo individuo durante años ha derivado en situaciones paranoides, manías persecutorias y distorsiones crónicas del carácter. No existen, sin embargo, casos documentados de suicidio inducido por SDF.

Agudeza y cronicidad
Como se ha dicho, la clasificación más común del SDF señala cuatro fases. La fase SVA es, como su formulación indica, asintomática. Se ha señalado la importancia de ser capaces de trabajar el SDF y su terapia en esta fase, pero lo cierto es que, en este momento, el SDF es muy difícil de localizar por dos razones. Primero, porque se produce únicamente en microepisodios, de escasa duración, que fácilmente se enmascaran en otras realidades. La segunda es que, además, dichos episodios suelen utilizar, para el enmascaramiento, prácticas usualmente aceptadas en la interacción social y que son, de hecho, realizadas por personas que no sufren el SDF, tales como tomar café a media mañana o salir a la calle a hacer un recado. Recientemente, algunos psiquiatras clínicos han llamado la atención sobre la dificultad que supone para la detección precoz del SDF en fase SVA la normativa que obliga a los trabajadores a abandonar su puesto de trabajo para fumar.

En la fase KALS ha querido verse a veces un estado protodepresivo, dado que comparte con la depresión el modelo ciclotímico que combina periodos de euforia con otros de pesimismo más o menos extremo. El enfermo en fase KALS tiene episodios de SDF, pero es aún capaz de lugar contra ellos y, en no pocas ocasiones, negarlos. Esta fase se ha definido como eficiente porque el sujeto es todavía capaz de mantener una monotonía creativa, si bien sin la solución de continuidad que presenta la resolución de dicha monotonía por personas sin SDF. Éste es el punto, según la mayoría de los terapeutas, en el que se define la mayor parte de los sujetos que podrán evitar o no el SDF (no hablaremos de curarse por los argumentos que describiremos algo más abajo). Sustancialmente, si un sujeto en fase KALS consigue que la conciencia de lucha contra los periodos de distanciamiento de la monotonía se sobreponga a los deseos y necesidades ligados a la percepción de la crisis, probablemente podrá eliminar el SDF con un tratamiento adecuado. Si en este punto lo niega, sin embargo, la cronicidad se hace mucho más probable; en torno a un 80% más probable, según los estudios (véase A deterministic approach to cronic Philip Syndrom through a Markov Process methodology, de Walter A. Birmingham Jr., en The Scottish Mathematician Review, marzo del 2003).

Los estados siguientes, POS y PEC, han sido descritos, el primero como crónico, y el segundo como agudo-crónico o terminal. En el estado POS, el sujeto añade un subproceso al proceso de distanciamiento, que es el de justificación de dicho distanciamiento. En su inicio, el SDF es un simple basculamiento binario distanciamiento-regreso; sin embargo, en fase POS se convierte en un proceso cuaternario recurrente: distanciamiento-regreso-justificación-error-distanciamiento, esto es: el sujeto se deja llevar por la percepción crítica de cambio, cuya influencia se diluye con el tiempo. Cuando dicha influencia es menor que la percepción de los beneficios de la monotonía, retorna a ella, pero no ya para realizarla simplemente, sino para compaginarla con reflexiones complejas destinadas a justificar, en el plano moral, el anterior distanciamiento. Como está sobradamente demostrado en la literatura, el mero planteamiento moral de una acción que se sabe injusta, improductiva o simplemente inadecuada garantiza la producción, tarde o temprano, de un error en dicha justificación. El SDF no es una excepción, así pues el sujeto en fase POS encuentra imposible la justificación del episodio, luego se ve en una situación incongruente, y el propio deseo de salir de ella le vuelve a provocar la necesidad de cambio (crisis) lo cual, paradójicamente, vuelve a disparar el proceso de nuevo.

Es, por lo tanto, una situación de bucle autojustificativo perverso que, como hemos dicho, unido a la creciente distancia entre necesidad de cambio y productividad de la monotonía que se produce por la aliteración de episodios, cronifica el SDF en el sujeto y lo coloca en grave peligro de sufrir ataques agudos.

La fase agudo-crónica, PEC, se caracteriza por la pérdida de percepción de la realidad. El sujeto, básicamente, empieza a ver su circunstancia de una forma adaptada a su incongruencia básica (es por ello que también se describe esta fase como Fase de los Molinos de Viento) pero, sin embargo, tiene periodos de lucidez en los que es capaz de distinguir la escasa base real de sus momentos de delirio. En esos momentos de percepción lúcida se produce un intenso sufrimiento moral e incluso físico. Aparecen, en efecto, los signos externos: cefaleas, vómitos, irritabilidad, herpes nerviosos, etc. Sin embargo, como ya hemos dicho, en ese momento la mayoría de los tratamientos son ya completamente ineficaces.

En su expresión final, la fase PES genera una Welt Umstulpung: el sujeto intercambia las realidades: las acciones de cambio pasan a ser la monotonía creativa, y al revés. La persona cree que, en efecto, sus obligaciones monótonas consisten en realizar las acciones que aborda en periodos de SDF. Así, el telefonista que en periodos de SDF hace recortables acaba creyendo que su trabajo consiste en los recortables y que lo del teléfono es algo que hace por deporte.

Tratamiento
Como ya se ha dicho, el SDF es de muy difícil detección en sus fases latente y leve, aún no crónicas pues. Para ello no colabora el escaso nivel de autopercepción que el sujeto suele tener sobre el problema. A ello cabe añadir que a los sujetos que experimentan SDF se les sigue, aún hoy, negando la condición de enfermos.

Centrándonos en la fase POS, que es aquélla en la que el SDF es innegable y, a la vez, los síntomas son aún reversibles aunque con dificultad, se han realizado diversos experimentos basados en workshops en los que grupos de afectados y de no afectados intercambiaban experiencias. No obstante, esta vía es de eficacia limitada, ya que el sujeto que sufre SDF suele tener una tan baja consideración moral de quien no lo sufre que habitualmente es impermeable a sus argumentos y experiencias. La mayor parte de estos grupos suelen devenir en una dicotomía entre exaltación y denigración de la monotonía que suele carecer de resultados prácticos.

La estrategia más usual es la amenaza. El sujeto es sometido a un entorno en el que los periodos de cambio y distanciamiento de la monotonía son ligados a la producción de un coste. Esto, en teoría, dobla el beneficio de la monotonía, ya que si ésta en principio era productiva, ahora su mantenimiento añade un nuevo beneficio: el coste ahorrado por no distanciarse de ella.

Esta estrategia es efectiva sólo en casos de POS en primeras fases. Cuando el POS se ha cronificado, al estar el sujeto a las puertas de la fase PEC, la percepción de la realidad es muy relativa, lo cual afecta a la valoración del coste.

En general, en la mayoría de los casos el SDF sólo se evita con una modificación significativamente del patrón monótono que lo provocó. Aproximadamente en un 10% a 25% de los casos es aún, a día de hoy, incurable.

Tuesday, September 05, 2006

Motivos para la perdición (I y II)

Motivo I

Imaginar qué pasaría si...

Para ello, el Vademécum REMER es el material idóneo. ¿Qué pasa si se hunde mi depto? ¿Qué pasa si me muerde la tarántula salvaje del Amazonas? ¿Qué pasa si me marcho para Andorra y, ya en el Pirineo, me sacude tal terremoto que me convierto al Opus y me largo a Navarra para después dedicarme a matar monjas francesas en París con un cilicio atado a la pierna? ¿Conozco realmente la diferencia técnica entre fuego eléctrico y fuego no eléctrico? ¿Cómo reaccionaré en cada caso? ¿Mal?

Leé el vademécum, Felipe. Retirá un instante ese reporte que estás a punto de terminar. Date un momento para examinar con detalle el Vademécum REMER, hermano afectado, y gozá con todas las cosas que podrían pasarte en los próximos tres minutos (y con lo poco que sabés al respecto).

El Vademécum REMER (reitero por tercera vez por si aún no conseguí picar tu curiosidad) es lo único que necesita un auténtico SDF para claudicar durante un par de horas, como mínimo.

Motivo II

Okey, okey, si la seguridad no es lo tuyo, probá con Fontanarrosa y decime qué tal.

Rechace imitaciones

Hola, soy el auténtico, Felipe.

Este es mi caso: acabo de tomar mis vacaciones y ya estoy en la oficina, dedicando mi tiempo a trabajar cuando debería estar en el sofá.


/ Felipe

Monday, September 04, 2006

Testimonio (IV)

El domingo estuve haciendo un poco de jardinero en casa. Un poco de poda, un poco de lucha contra las orugas, y en un descuido le solté un manotazo a mi viejo cactus que me hizo ver las estrellas. Luego pasé un rato depilándome la mano de púas. Pero esta mañana mientras me ponía a trabajar, he notado un dolor al doblar el índice. Justo en la articulación se me había pasado una. Miré con atención y la vi bajo la piel, con algo de pus recubriéndola. Así no podía trabajar, y menos un lunes. No tenía más remedio que hacerme una cura de urgencia.

Fui al servicio y abrí el botiquín para ver que tipo de elementos me ofrecía. Poco, la verdad. Pinzas no había. Alcohol si, pero ningún tipo de escalpelo ni aguja hipodérmica con la que empujar fuera la esquirla. Mi dedo corría peligro así que salí del aseo y busqué un cuter de aspecto médico. Había uno sin demasiadas mellas, y me volví a encerrar en el cuarto de baño. Busqué la zona con más luz, y junto a la ventana vi que alguien había dejado un periódico gratuito encima del armarito. Apenas terminé de ojearlo saqué un poco de cuchilla al aire y decidí que un poco de alcohol le vendría bien. Apreté un poco el bote y por desgracia descubrí que el taponcito estaba flojo. Un tremendo chorro me empapó el pantalón a una altura poco decorosa. Afortunadamente el alcohol se evapora pronto, pensé. Así que me senté en el vater y me puse a leer con más calma el periódico mientras me secaba. No iba a moverme mucho, no fuera que provocase una chispa y tuviera un incidente. Al cabo de unos minutos levanté el periódico para ver como iba el asunto del secado, y descubrí algo interesante. La tinta del periódico es alcohol-soluble. Es decir, que no es inteligente apoyar un periódico en unos pantalones mojados en alcohol. Bien visible en mi pantorrilla podía leer en letras azules del revés 'Volver a la rutina, bueno para la salud'. Suspiré. El pequeño aseo no tiene secador de manos, así que lavar a mano los pantalones en el lavabo y ponerlos a secar colgados de la ventana me iban a ocupar un buen rato. Tras mucho frotar con jabón de manos y recordar tantos anuncios de televisión de ‘blancura impecable’, me he contentado con unos pantalones con un cierto tono celeste en algunas zonas que apenas se notaban. Lo he exprimido cuanto he podido, y he decidido que el esparadrapo sería capaz de aguantar el peso. Como el pantalón estaba mojado he fabricado una especie de tirantes que pasando por las trabillas del cinturón me permitieran colgar al exterior el pantalón con cierta seguridad. Ha sido un tremendo éxito más o menos por cuatro minutos. Eso es lo que calculo que tardé en leer el resto de periódico. Porque cuando he levantado la vista, del esparadrapo y de los pantalones no había rastro en la ventana. Miré el reloj. Tampoco faltaba tanto, apenas 6 horas, para el almuerzo. Ya encontraría el momento de huir en calzoncillos cuando todos estuvieran comiendo. El botiquín está lleno de prospectos de medicamentos por leer.

Friday, September 01, 2006

El perrito

Un señor va de cacería al África y lleva a su perrito. Un día, el perrito se aleja del grupo, se extravía y comienza a vagar solo por la selva. En eso ve a lo lejos que viene una pantera enorme a toda carrera.

Al ver que la pantera lo va a devorar, piensa rápido qué hacer.En eso ve un montón de huesos de un animal muerto y empieza a mordisquearlos. Cuando la pantera está a punto de atacarlo, el perrito dice: - ¡¡¡Ah, qué rica pantera me acabo de comer!!!

La pantera lo alcanza a escuchar y frenando en seco, gira y sale despavorida pensando: ¡¡¡¿Quién sabe qué animal será ese. A ver si me come a mí también ???!!!

Un mono que andaba trepado en un árbol cercano, oyó y vio la escena... Sin más salió corriendo tras la pantera para contarle cómo la había engañado el perrito:

- ¡Cómo serás de boluda... Esos huesos ya estaban ahí! Además, ¡es sólo un simple perrito!

La pantera, recontra caliente, sale corriendo a buscar al perrito con el mono montado en el lomo. El perrito ve a lo lejos que viene nuevamente la pantera con el mono y se da cuenta de la buchoneada.

¿Y ahora qué hago?- piensa todo asustado. Entonces, en vez de salir corriendo, se queda sentado dándoles la espalda, como si no los hubiera visto, y en cuanto la pantera está cerca de atacarlo de nuevo, el perrito exclama:

- ¡¡¡Este mono hijo de puta, hace como media hora que lo mandé a traerme otra pantera y todavía no aparece !!!

MORALEJA: EN MOMENTOS DE CRISIS, SÓLO LA IMAGINACIÓN ES MÁS IMPORTANTE QUE EL CONOCIMIENTO.

Procurá ser imaginativo como el PERRITO, evitá ser boludo como la PANTERA, y nunca, pero nunca, seas tan hijo de puta como el MONO.

Thursday, August 31, 2006

Felipe, el original




(bueno, ahora voy a ver si trabajo un poco...)

Wednesday, August 30, 2006

Mafalda

Hola, me llamo Mafalda y soy prima de Felipe.
Mi poca vergüenza y yo estamos aquí, ahora no sé hacia donde iré, aunque casi siempre vuelo por el Universo, a veces con síndrome, otras desenganchada, pero cerca de los que deciden hacer locuras, así que, como dijo Guido Eytel:
¡Volemos, pájaros cantores!
Quiero decir:
¡Cantemos, pájaros baldados!
Igualito, vamos :-)
Sideralmente,
Mafalda

El dominio es nuestro

En un reciente almuerzo durante supuestas horas de trabajo que he tenido con otro afectado al Síndrome, ha salido la idea de registrar un dominio para montar un portal de ayuda a los afectados de una manera más estable que usando un blog. Lógicamente en cuanto me he sentado en mi mesa para seguir trabajando he entrado en un proveedor y he contratado el dominio. Pero al poco me han surgido una serie de espantosas dudas que me tienen aquí improductivo.

He pensado que como tremendo y experimentado afectado por el SDF puedo ayudar a mis congéneres indicándoles todo tipo de ocupaciones para ocupar el tiempo. De esa manera se evita caer en la terrible monotonía. Claro que conozco el medio y, ya me ha pasado, si los afectados empiezan a hacerme caso pronto las casas publicitarias me ofrecerán dinero por ocupar zonas inútiles de pantalla con sus productos. Quién sería yo para rechazar dinero fácil. Eso podría ir creciendo y creciendo, y quizás pudiera dedicarme full-time a la ingente tarea de encontrar todo tipo de ocupaciones que hacer cuando tendría que estar trabajando. Pero llegado a este punto, si el full-time del entretenimiento me diera de comer, el buscar ocupaciones de ocio fuera mi trabajo, ¿Cómo reaccionaría mi patología? Quizás me obligara a abrir de manera paralela una oficina de mi profesión, a la que le dedicaría el tiempo que tendría que estar dedicando a perder el tiempo para que otros gasten el suyo. Podría acabar trabajando en lo que se supone que hago ahora, ocho horas al día, dejando el portal desocupado. ¿Y después? ¿Y si mi nueva oficina tuviera éxito? ¿Daría otra vuelta a la tuerca? ¿Caería en el catatonismo? Dedicaré un rato a la búsqueda en google de información, por si pudiera informarme lo suficiente para imaginar que iba a ser de mi. Ya os contaré que encuentro

El síndrome, en inglés y en la Wikipedia

http://en.wikipedia.org/wiki/Procrastination

Y no lo traduzco porque ando fatal de tiempo...

Testimonio (III)

Hola, me llamo Felipe y tengo el síndrome.

Tengo tantas cosas que hacer (hoy es 30 y tengo que entregar un trabajo y hacer toda la facturación del mes; y además, Felipe me encargó localizar, escanear y subir aquí la tira de Felipe que da nombre a nuestra enfermedad) que ayer estuve jugando durante 4 horas al Space Cadet.

Testimonio (II)

Este testimonio es real, así que menos cachondeo.

Ayer por la tarde iba a jugar un partido (el primero) de squash con un compañero de la oficina. Desatendiendo mi labor, como ahora mismo, salí temprano, pero me llevé los archivos de la base de datos en el portafolios para seguir en casa.

Llegamos al gimnasio y nos dijeron que por no ser socios nos iban a clavar 65 por tres cuartos de hora. Les dijimos que lo que nos habían señalado era 15 por sesión, nada más. Por ser la primera vez transigieron, pero dijeron que a la siguiente había que hacerse socios o pagar.

Jugamos mal, porque la cancha era una mierda y el techo era demasiado bajo. No nos vamos a hacer socios, la prueba de este primer día ha sido un desastre.

Nada más llegar a casa, mi mujer me mandó a hacer compras. Yo invertí tres veces más tiempo del estrictamente necesario y al volver tenía cuatro cosas que no estaban en la lista y no tenía dos cosas que sí estaban en la lista. Por cierto, estuve como veinte minutos hablando con un pobre en la puerta del súper.

Como mi mujer estaba sentada en el ordenador viendo noticias, aproveché para abrirme una cervecita y empezar a hacer la cena. Ya dieron las nueve y nos pusimos a cenar. A eso de las diez me senté en el ordenador y pasé la base de datos del pen-drive al disco duro, dispuesto a recuperar algo del tiempo que había invertido en la frustrante experiencia del squash.

Después de pasar tres minutos con la mirada perdida en el fondo de pantalla, escudriñando todos los detalles del paisaje que aparece normalmente, decidí que era muy tarde y que no estaba yo en condiciones de trabajar. Abrí el Star Trek Generations y me dispuse a zumbarle la polaina a un feo destructor enemigo, pero solo hasta las doce, me dije, solo hasta las doce, para levantarme temprano mañana y recuperar.

A las dos menos cinco me di cuenta de que eran las dos menos cinco. Dediqué los diez minutos siguientes a fustigarme mentalmente por irresponsable, inconsciente e in-bécil, repitiéndome que con las horas que había dedicado a masacrar Klingons ahora tendría el trabajo terminado y más pulido que los dientes del Yeins Bond. Después de esta sesión privada de tortura, me acosté.

Esta mañana, por supuesto, me he levantado más de media hora tarde. Aprovechando el retraso, al salir del metro, ya cerca de la oficina, me he metido en una tienda de relojes que hay en el centro comercial (porque necesito un reloj) y me he pasado ahí un rato largo viendo los Swatch, tan monos y tan caros, que no me voy a comprar ni de coña.

Cuando, gracias a tanto reloj, me he dado cuenta por fin de que casi eran las diez y de que me iban a rebanar las gónadas al llegar a la oficina, he salido corriendo a la calle y he llegado sin aliento a la oficina. En el descansillo, Valentina me ha sonreído y me ha ofrecido ir a tomar un café.

Y bueno, no todos los días te ofrece Valentina (precisamente Valentina) ir a tomar un café, así que en cuanto ella ha dicho que se tenía que marchar, me he quedado solo y aquí estoy, con el portátil, escribiendo sobre mis últimas veinticuatro horas y sin atreverme a subir a la oficina.

Socorro.